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El blog de Herman M. Duarte

El sagrado derecho a manifestarse por las calles

Herman M. Duarte

Fundador Hduarte-LEX/Fundación Igualitos
Oficial del Comité de Derechos Humanos de la International Bar Association

Herman@hduarte-lex.com

 En el año 2012, "La Armonía de mi Pueblo" la obra de arte ícono de El Salvador: fue destruida por la Iglesia Católica. Ni el artista, o la autoridad gubernamental encargada de velar por el patrimonio artístico del país fueron consultados ante este acto de barbarie artística.  En la izquierda, se denota el mural de Salvador Llort, el cual sin explicación y en clara violación a la ley que lo reconocía como objeto parte del patrominio cultural, fue removido y destruido. Fotografía de El Faro.  Fotografía del antes y después de la fachada de la Catedral de San Salvador.

En el año 2012, "La Armonía de mi Pueblo" la obra de arte ícono de El Salvador: fue destruida por la Iglesia Católica. Ni el artista, o la autoridad gubernamental encargada de velar por el patrimonio artístico del país fueron consultados ante este acto de barbarie artística.

En la izquierda, se denota el mural de Salvador Llort, el cual sin explicación y en clara violación a la ley que lo reconocía como objeto parte del patrominio cultural, fue removido y destruido. Fotografía de El Faro.

Fotografía del antes y después de la fachada de la Catedral de San Salvador.

El 8 de marzo se conmemora el día internacional de las mujeres, a diferencia de lo que muchos hacen, no es un “día de la madre alternativo”, sino que se trata de un día de agradecimiento, reflexión y lucha.  

Agradecimiento por las mujeres que se han levantado en la lucha por los derechos propios y de los demás, pues hay que recordar proteger a la mujer pues protegerla, es cuidar a la vida misma. Por ejemplo, como olvidar el fundamental rol que tuvieron miles de mujeres lesbianas en los ochentas, quienes se dedicaron a cuidar a sus hermanos homosexuales por la crisis del VIH-SIDA que se potenció por la falta de acción del presidente Ronald Reagan; o bien todas esas mujeres que han sido las primeras en saltar cuando ven la injusticia y sufrimiento que experimentan otras minorías, como cuando mi amiga Carmen Clautier saltó en mi defensa tras mi salida del clóset, en un ahora lejano 18 de octubre del 2010. O bien por medio de experiencias recientes, como la promoción de la campaña denominada #RostrosPorlaIgualdad que promueve el Gobierno de Canadá por medio de sus representaciones diplomáticas a lo largo de América Latina.  

Reflexión, por el innegable hecho que existe una desigualdad real entre hombres y mujeres, lo vemos en aspectos individuales como societarios. Un punto inicial es poner en perspectiva que en Inglaterra la mujer no tenía derecho a participar en la toma de decisiones de su país con el voto; en Costa Rica por ejemplo, ello no ocurrió hasta el 30 de julio de 1950 gracias al esfuerzo de la liga feminista.  O bien aspectos más personales, como el miedo que algunas mujeres experimentan a perder su empleo por estar embarazadas (aunque no lo crea, existe mucho acoso laboral en empresas serias por el hecho que haya que pagar maternidad); sin dejar a un lado la irónica solución que se le impone a las mujeres, de tomar anticonceptivos por ser fértil unos cuantos días al mes, mientras el hombre, siendo fértil todos los días no debe tomar nada.  

La desigualdad salarial es un hecho también, una respuesta a ello es lo que aconteció en Islandia, donde se aprobó una ley que declara ilegal que una mujer con las mismas capacidades de un hombre, en el mismo puesto laboral, se le pague menos por el mero hecho de ser mujer; lo cual más que un affirmative action es un hecho de justicia pura y aplicación del principio de igualdad. Hablando de justicia, debo decir que el mundo de las profesiones legales, no está exento de esta equidad de género, vemos por ejemplo, respuestas institucionales como Chambers Diversity, la iniciativa para promover la diversidad de mujeres y minorías LGBTI+ de Chambers & Partners quien reconoce su posición privilegiada de ser la clasificadora de firmas legales de mayor prestigio en el mundo; otras iniciativas como arbitraton pledge, arbitral woman o más recientemente el Alliance fundado por Rashda Rana.  

También es un día de lucha, pues parece que se ha avanzado bastante en los últimos años, pero es risible ver como en países como en Arabía Saudita hace poco se le otorgaba a la mujer el derecho a manejar un automóvil. Pero se me crispa la piel al ver injusticias como la que experimentó en El Salvador, la luchadora Teódora Vásquez, quien vivió la tragedia de tener una pérdida espontanea (como la que le ocurre a cientos de mujeres de clases medias y alta de El Salvador), pero al no tener los medios económicos para ir a una clínica privada para lidiar con el trauma del proceso de la pérdida (como sí hacen cientos de mujeres de clases medias y alta de El Salvador) fue condenada a vivir un infierno de 10 años de prisión, teniendo que comer comida con gusanos, ser tratada de “perra” para arriba, vivir en un hacinamiento carcelario, según lo reportó a la BBC en repetidas ocasiones.  

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La lucha que siguen las mujeres en alcanzar la igualdad plena y real, al venir cargada con siglos de opresión (¡las mujeres han sido hasta moneda en contratos!) pues es natural que año tras año desborden en el momento de volcarse a la calle, potenciadas por la energía latente de todas aquellas que han perdido la lucha y sin duda inspiradas (aún sin saberlo) en la autora de “diarios de una paría” la mítica Flora Tristán, quien se levantó contra la opresión femenina en Francia, Inglaterra y Perú.    

Ese sagrado derecho a manifestarse es lo que ha logrado atraer la atención a las injusticias para remediarlos, gracias a ese sagrado derecho a manifestarse en las calles se han transformado los instrumentos jurídicos para que los “activistas de escritorio” surjan (pues esta invisible división, olvida el hecho que ambos tipos de activismos son necesarios y complementarios). Por eso, ante el ataque y linchamiento a estas sagradas actuaciones del soberano pueblo en manifestarse, es necesario que los “activistas de escritorio” surjan a la defensa de estos linchamientos, pues es nuestro deber dar un contexto de lo que llevó a que esas mujeres se trasladaran a la calle para gritar válidamente por sus derechos, y que el hecho que hayan utilizado pintura para escribir mensajes sobre una pared de un Templo (también sagrada) merece algunas reflexiones:  

1.     Las manchas en el templo, no deslegitima la marcha, pues se trata de un acto aislado de una mancha en un edificio de los cientos de edificios que fueron rodeados por la marcha de la mujer.  

2.     De ninguna manera, se justifica que escribir sobre la propiedad privada ajena es algo aceptable, por lo contrario, es algo que reprocho. Lo mismo ocurre con las obras de arte que puedan dañarse, las religiosas y seculares. Por ejemplo, en El Salvador ocurrió que la Iglesia Católica decidió remover de la Catedral de San Salvador, un mural del artista Llort el cual formaba parte del patrimonio cultural del país, dejando a la catedral desnuda sin su arte, y sin la posibilidad de repararlo.  

3.     Las entidades participantes de esta marcha, deben tomar en cuenta que, pese a que es comprensible su enojo, es mucho mejor manifestarlo en pancartas, pues de lo contrario, los medios pueden olvidar el mensaje central de la marcha: igualdad para las mujeres.  

4.     De ninguna manera se puede atribuir los actos de dos personas que actuaron de manera aislada, a un partido político. Hacer esto vendría a significar un equivalente a  

5.     Finalmente, debe tomarse en cuenta para juzgar la gravedad de los hechos que las paredes y la estatua de su santidad Juan Pablo II ya fueron restauradas, por lo que los daños han dejado de subsistir.